|
Era uno de esos 18 de julio que más se notaba por feriado
que por fecha patria. Cristales helados sobre mi rostro acompañaban
una desierta tarde de la Ciudad Vieja y hacían que mi cálculo
de “romper el hielo” con el músico se tornara
un poco más difícil de lo común.
La emoción era fuerte, sabía que
en pocos minutos me recibiría en su domicilio un grande de
la música popular uruguaya.
Efectivamente, 16:30 en punto, una pesada puerta
de hierro de un antiguo edificio se abrió abriendo el diálogo
con nuestro protagonista. Diálogo que no se detuvo hasta
un par de horas más tarde.
El antiguo ascensor que nos llevaba hasta el quinto
piso me contaba en secreto historias de esas paredes. Mientras,
mi anfitrión con su amabilidad me ofrecía hospitalidad.
Ni bien entramos a su casa, el placer y
gran sorpresa, fue el recibimiento del pequeño Bonaldi, muy
cómodo y feliz en su corralito o cunita, no recuerdo bien
. Si recuerdo que al mirarme con sus ojazos dio el vistobueno de
prestarme a su papá durante un rato...
|